La inseguridad emocional es una sensación de malestar, nerviosismo o temeridad asociado a multitud de contextos, que puede ser desencadenada por la percepción de que uno mismo es vulnerable, o una sensación de vulnerabilidad e inestabilidad que amenaza la propia autoimagen o el yo.1 Una persona que es insegura no tiene confianza en su valía y capacidades; carece de confianza en sí mismos u otros; pueden pensar que los demás les defraudarán, y temerán defraudarles ellos mismos; o desconfía de que las actuales circunstancias positivas sean tan sólo temporales. Este es un rasgo común, que sólo se diferencia en el grado del síntoma entre las personas. La inseguridad tiene muchos efectos en la vida de una persona. Hay varios niveles de la misma. Casi siempre causa cierto grado de aislamiento; cuanto mayor es la inseguridad, mayor es el grado de aislamiento. La inseguridad suele tener sus raíces en los primeros años de la infancia de una persona. Como la inseguridad puede ser muy molesta y limitante y la psique se encuentra amenazada, a menudo se acompaña de mecanismos de defensa que se manifiestan en distintos estilos de personalidad. La inseguridad puede ser superada. Se necesita tiempo, paciencia y una comprensión gradual de que el valor propio es puramente una cuestión de perspectiva (o la opinión subjetiva de uno mismo), por lo que si bien puede ser cierto que la inseguridad puede seguir a la preocupación por la realidad objetiva, esto no es de ninguna manera una necesidad, sino más bien una tendencia.
¿CÓMO SUPERAR NUESTRA INSEGURIDAD? Confiando más en uno mismo y enfrentándonos a nuestros miedos. Imaginemos una situación que activa uno de nuestros miedos, y por lo tanto, nuestra desconfianza para poder resolver la situación con éxito. La ausencia de fe en nosotros mismos impide que accedamos a nuestro coraje, y como consecuencia, evitamos la situación y no nos enfrentamos a ella. Esta inacción nos lleva luego a sentir cobardía, arrepentimiento e incluso tristeza, sentimientos que alimentan a su vez al miedo y a la desconfianza. Lo que nos hace libres de todo lo material, no es el poseerlo, sino el conocimiento de que no lo necesitamos, aunque eso no quita para que en ocasiones disfrutemos de ello.
Manteniendo nuestra mente activa y abierta al cambio Con el fin de ser buenos en algo y de hacerlo perfecto tendemos a especializarnos y cerrar nuestra mente a otras cosas que existen a nuestro alrededor. De esta forma, cuando algo nuevo aparece en nuestras vidas, tendemos a rechazarlo y a resistirnos a ello. No creemos que podamos aprender algo nuevo, o por lo menos no al mismo nivel en el que lo hacíamos anteriormente, y representa un reto que nos incomoda. Cuando no perseguimos la perfección y mantenemos nuestra mente activa con el aprendizaje continuo siempre tendremos la seguridad de poder adaptarnos a cualquier circunstancia. Cuando confiamos en nuestra capacidad de aprender es mucho más fácil adaptarse y aceptar cualquier situación nueva que ocurra en nuestras vidas.
Siendo siempre uno mismo Cuando pretendemos ser alguien que no somos nos ponemos en una posición muy delicada en la que sentimos que en cualquier momento alguien se va a dar cuenta de cómo somos en realidad. De ahí la importancia de mostrarnos siempre de forma auténtica y aceptarnos por quienes somos, con nuestras fortalezas y debilidades. En conclusión, La verdadera seguridad reside en el conocimiento de saber que, pase lo que pase, contamos con los recursos internos necesarios que nos ayudarán a seguir adelante y a afrontar todos aquellos cambios inesperados que puedan surgir en nuestras vidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario