lunes, 7 de mayo de 2018

La secta de Puigdemont

La secta de Puigdemont

Domingo 06 de mayo de 201820:19h
No hay que tumbar a Puigdemont en el diván de un psiquiatra para comprobar que el ex presidente de la Generalidad sufre todos los síntomas de un iluminado. Es narcisista, megalómano, autoritario y mentiroso compulsivo. Ya no lidera un partido, si no una secta. Solo así puede entenderse que 28 diputados adeptos de JxCat hayan peregrinado este sábado a Berlín para proponer que el Parlamento catalán celebre la investidura de su gurú antes del 14 de mayo. Para abocar a un suicidio colectivo a los miembros de la mesa del Parlamento catalán, con Roger Torrent a la cabeza.
Mientras se pasea por Alemania como si fuera un héroe, Puigdemont recurre a la magia negra para que unos abducidos acepten ser enviados a la sombra por el juez Llarena. Al líder de la secta no le importa llenar las cárceles con sus compañeros de viaje con tal de seguir adelante con su pretendido exilio. Con esta artimaña, aspira a que los tribunales alemanes se rindan ante el imaginario “molt honorable” y rechacen la extradición.
Cuatro meses y medio después de celebrarse las elecciones autonómicas, los independentistas aún no han sido capaces de deshacerse del yugo del líder de la secta para formar un Gobierno legítimo y desembarazarse del 155. El núcleo duro de Puigdemont se empeña en forzar una investidura imposible sin atisbar que los separatistas se asoman al abismo de unas nuevas elecciones que podrían dejarles sin la mayoría que ahora tienen. Pero el ex presidente sabe que si permite la investidura de cualquier otro, tarde o temprano caerá en el olvido. Quiere seguir arropado por sus adeptos, que en Berlín hace mucho frío.
Si el Gobierno no se duerme, en unos días el Tribunal Constitucional anulará la ley de Presidencia aprobada por el Parlamento catalán para poder investir telemáticamente al gurú. Será el momento de la verdad. Si Roger Torrent convoca el pleno saltándose la ley, Llarena tardará poco en llamarle a capítulo y muy probablemente dormirá esa noche en Soto del Real. Y si se arruga, como ha hecho hasta ahora, Puigdemont quedará varado en Berlín. Es probable que, entonces, los separatistas propongan a un candidato sin cuentas pendientes con la Justicia para esquivar las elecciones y desbloquear el Gobierno de la Generalidad. Eso, si los adeptos de la secta lo permiten, que esa es otra.
El embrollo se eterniza. Ya nadie pone la mano en el fuego porque Puigdemont ceda y coloque a Elsa Artadi o a quien sea con la pretensión de gobernar a distancia. Ya nadie se fía del fugado. Ya muchos temen que el iluminado líder aboque a la secta a un suicidio colectivo. Porque, él se siente impune e intocable rodeado por sus desquiciados discípulos. Al final, el Gobierno de Cataluña y la estabilidad de España en manos de un chiflado que no quiere saber que tiene los días contados.

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