miércoles, 2 de mayo de 2018

LA BAZA DE ELSA ARTADI

LA BAZA DE ELSA ARTADI

Ni sus colaboradores más cercanos saben si lo que proyecta de verdad el expresidente felón son elecciones. Puigdemont cree que una nueva convocatoria electoral le mantendría en candelero varios meses más mientras que, si se forma Gobierno, en cuestión de semanas quedaría eclipsado.
Lo que pasa es que Oriol Junqueras, que no vive a cuerpo de rey en Berlín sino que padece entre barrotes, exige la inmediata formación de un Gobierno viable que normalice de alguna forma la situación. El expresidente trilero Puigdemont no sabe qué nuevas trampas hacer y es posible que se decida por ceder, proponiendo a Elsa Artadi, a la que siempre ha considerado como su lacayo predilecto. No tiene un solo motivo para no fiarse de ella pero la Historia enseña que los sucesores designados, en cuanto pueden se desembarazan del dedo protector.
El calendario se come los tiempos con que ha venido jugando Carlos Puigdemont. Deberá decidir en días y, aunque se agote un último intento de designarle a él telemáticamente en contra del Tribunal Constitucional, no es desdeñable que dé paso a Elsa Artadi. La opinión pública catalana, y también la del resto de España, asiste atónita a los juegos tramposos y a las piruetas circenses del expresidente prófugo. El daño a Cataluña y al conjunto de España es considerable en el ámbito económico, pero sobre todo fragiliza la imagen de nuestra nación, que era la de una democracia sin fisuras, y que se ha fracturado por la acción de este político mequetrefe, caracterizado por la ambición y la mediocridad. Pasará tiempo antes de que se pueda cifrar el perjuicio ocasionado a España por Carlos Puigdemont, al que el Gobierno Rajoy no supo controlar, anclado en esa política voluntarista absurda de que pasaría lo que conviene a Moncloa que pase.

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